Prostitutas en la zona hijos de prostitutas

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Eso fue hace 14 años. Luz Marina, al lado de su esposo, a quien conoció en su negocio y de quien recuerda que sacó de un bar de la zona, donde trabajaba como mesero, levantó la decaída tienda y le añadió el servicio de restaurante.

Una prostituta de la zona, que regularmente almorzaba allí, un día, hace unos nueve años, le pidió un favor: Luz Marina vio a la criatura, se enterneció y aceptó el compromiso. Prostitución y drogas, los karmas de Taganga de los que nadie quiere hablar. Luz Marina comprendió dos cosas: En algunas partes de Colombia las mujeres cobran Y porque obvio ya estoy cansada de esto.

Pero reflexiona unos instantes, como haciendo cuentas, y agrega: Si me sale algo mejor, pues no vuelvo". También quiere cambiar de trabajo: Temas relacionados Colombia Venezuela América Latina.

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Antonia cobra 60 euros por servicio, de los que percibe El millonario que regala tierra a cambio de vasectomías. Todas se quejan de la falta de trabajo.

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El discurso de estas mujeres es implacable. También te puede interesar. Y la educo en el respeto a todo el mundo. Por cierto, el nombre de guerra de Marga es Olga: Luz Marina vio a la criatura, se enterneció y aceptó el compromiso. De ser así, se ocupan de que se lleven a la menor y a la controladora en distintos furgones.

Sino que van a decir: Lo sabe Cristina, que ejerce su trabajo de forma itinerante en diversos puntos de Chapinero: Y Juliana, otra de las chicas del Santa Fe, lo enuncia de forma muy cruda: Como si no culiaran.

Laura coincide en la existencia de ese escenario potencial: Es solo ponerse una cita y ya, que pase lo que sea. Para las prostitutas con las que hablamos, no es tan así.

Las rutas que encaminan a las personas hacia el trabajo sexual son diversas. De esa diferencia parten muchas de las inconformidades. Como si estuviéramos enfermas, como si tuviéramos dislocada la vagina. Silvana afirmó algo parecido: Esto es un trabajo igualito a los otros. Pero el debate no es tan sencillo.

Sobre la prostitución se cruzan tensiones históricas, culturales, jurídicas y, sobre todo, morales, que la ubican en una zona gris. Las violencias sobre las trabajadoras sexuales son reales y los estigmas alrededor de su oficio siguen trayendo consecuencias funestas ataques verbales, físicos, asesinatos, desapariciones. Es suramericana y llegó a España para trabajar en un club que abandonó tras liquidar la deuda que le permitió hacer el viaje.

Desde entonces ha trabajado en muchos sitios. Antonia tiene 28 años y Marga, como hemos dicho, Viéndolas juntas, tan distintas, se me ocurre que una vende sexo de fiestas de guardar y la otra sexo de días laborables. Y hay consumidores para todos los gustos.

Muchos, cuando se les ha acabado el tiempo, pagan una hora extra para poder hablar. El sexo es, con frecuencia, la coartada para hablar. Y a una prostituta se le cuenta todo. No te puedes ni imaginar los conflictos que tiene la gente. Mientras conversamos , el camarero se mueve a nuestro alrededor disimuladamente, con curiosidad. Han tenido que trasladarse desde el Raval porque los alquileres, en este barrio, se han puesto por las nubes. Desayunamos en una churrería que hay debajo de su casa.

Salma dormita en brazos de su madre con el patinete aparcado a medio metro. Mientras tomamos el café, Marga me cuenta que en fueron al Senado para hablar ante una comisión. Cuando se enteraban de quién era la prostituta, empezaban a apartarse de ella y a mirarla de un modo especial. Lo de la antropóloga les pareció muy bien, pero cuando se enteraron de que yo era la prostituta, dijeron que tenían que consultar antes de acreditarme.

Era una comisión sobre prostitución y se preguntaban si debía estar presente la prostituta. La niña tiene un comportamiento normal desde cualquier punto de vista que se mire. Conoce a todo el mundo y todo el mundo la conoce a ella. Es un sueño, pero tarde o temprano lo realizaremos. Cuando murió mi marido, su familia quiso quitarme a la niña y me llevó a juicio. Pero el informe médico-forense me dio la razón a mí.

Decía que Salma tenía, a mi lado, todo lo que necesitaba una niña. Yo he visto casos de mujeres a las que los servicios sociales les han quitado a sus hijos y les han destrozado la vida. Yo me levanto por las mañanas y lo primero que veo es su sonrisa.

Forma parte de mi vida como yo formo parte de la suya. Y la educo en el respeto a todo el mundo. Me cuenta esto en el metro , donde nos dirigimos al Raval para dejar a la niña en casa de una amiga de Marga. El vagón va medio vacío, de manera que nos sentamos juntos, en un asiento de tres.

Salma se coge a su madre con una mano y sujeta el patinete con la otra. Marga se quedó viuda del padre de Salma hace dos años. Viven separados, pero a veces Marga se queda a dormir en la casa de él, o al revés. Se trata de una historia de amor bien curiosa porque se conocieron cuando Marga tenía 14 o 15 años y él 18 o Entonces, Marga trabajaba en la casquería de la Boquería, pero pertenecía a un grupo de voluntarios que dedicaban el tiempo libre a ayudar a personas dependientes.

José, su novio actual, pertenecía también a ese grupo de voluntarios, y se conocieron realizando esa actividad. Como tenían preocupaciones comunes, hablaban mucho. Con el tiempo, cada uno se convirtió en el amor platónico del otro. Durante todos estos años, supe que llamaba a casa de mis abuelos para preguntar por mí.

No es que si le pidiera ayuda no me la diera, pero quiero salir adelante por mí misma. Nuestra relación ha ido evolucionando hacia una relación de tolerancia. Todos los hombres con los que he estado han sabido a qué me dedicaba.

Siempre he tenido el privilegio de no esconderme, que es lo normal en mi profesión. Marga perdió a sus padres en un accidente de automóvil cuando tenía 10 años. Se educó con sus abuelos, que aceptaron su decisión de hacerse prostituta. Me dijeron que tuviera cuidado de adónde iba y de por dónde me movía. Y que siempre tendría su casa abierta. Yo, al principio, llamaba a mi abuela y le decía: Siempre prevaleció el amor que nos teníamos.

Después de dos o tres trasbordos y decenas de estaciones, salimos del metro y emprendemos un recorrido por el laberinto de calles del Raval. Es media mañana, pero algunas se encuentran ya llenas de prostitutas. Me parece imposible que haya trabajo para todas y es evidente que no lo hay.

Salma va pasando de unos brazos a otros. Todas las mujeres la besuquean. Algunas abren el bolso y le regalan un euro. Marga se detiene un rato con cada una. Las hay de todas las nacionalidades. La asociación dispone de un pequeño despacho en el centro cívico Pati Limona. Acuden a la reunión Isabel Holgado, la antropóloga con la que cenamos la noche anterior; la propia Marga, y dos personas que trabajan para la organización: Olimpia, una cubana que no para de hablar ni de reír, y Valeria, una chica brasileña tímida y circunspecta.

Luz Marina vio a la criatura, se enterneció y aceptó el compromiso. Prostitución y drogas, los karmas de Taganga de los que nadie quiere hablar. Luz Marina comprendió dos cosas: La mujer que dejó a ese primer bebé al cuidado de Luz Marina siguió dejando al niño al amparo de la tolimense y recomendó a otras colegas de oficio que dejaran a sus hijos con ella. Luz Marina pensó en su momento que este sería el inicio de nuevo negocio o una nueva forma de ganarse la vida, pero aunque le pagaban por el cuidado de los niños, la actitud filantrópica le ganó a la capitalista.

Desde que decidió dedicar la mayor parte de su tiempo a cuidar niños, que hoy considera como suyos, no les permite a sus madres que se los lleven mientras estén borrachas, drogadas o esté lloviendo y sea muy tarde en la noche. Lastimosamente, dice Luz Marina, aunque muchas de estas mujeres son unas buenas madres, varias no los son tanto.

Han sido un poco irresponsables con los bebés que le dan a cuidar.

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